miércoles, 8 de mayo de 2013

Avance del comentario de texto "Alegría", de Almudena Grandes.



ALEGRÍA, de Almudena Grandes
Lo peor ni siquiera es el cinismo. Invocar la inviolabilidad del hogar o la edad del hijo de la vicepresidenta del Gobierno para condenar los escraches, implica consecuencias más graves. Estas declaraciones explicitan que la sensibilidad de quienes se sienten agredidos se limita a los miembros de su propio grupo. Así, el hogar de los desahuciables se puede, y se debe, violar con una ley injusta en la mano, y sus hijos, igual que los de los proletarios del siglo XIX, no cuentan como bebés. Para el Gobierno del PP, la exclusión social no es un riesgo, sino un insignificante daño colateral del que nadie debe hacerse responsable.

No se podía hacer nada, decían, pero resulta que sí se puede. Ha muerto la política, decían, y miren por dónde, acaba de resucitar. Todos son iguales, decían, y sin embargo han dejado de serlo. Fátima Báñez le mete un hachazo a las pensiones por decreto mientras sus portavoces critican que Elena Cortés escoja la vía del decreto para atacar a bancos y especuladores. Lo peor no es el cinismo. Lo mejor es que una Administración haya sabido reaccionar para sacarle los colores de la vergüenza a todas las demás. Y el fin de la cantinela del voto útil. Y la alegría de encontrar en la unidad de la izquierda una puerta abierta hacia el futuro.

RESUMEN
Las declaraciones de la vicepresidenta del Gobierno contra los escraches suponen un agravio comparativo entre los ciudadanos y la clase política, que ve vulnerado su derecho a la privacidad mientras vulnera el derecho a la vivienda del ciudadano con la injusta ley de los desahucios. Pero queda una opción política, Elena Cortés, de IU, que escoge defender a los ciudadanos frente a las administraciones y los abusos del mercado financiero.

COMENTARIO
El tema del texto que vamos a comentar es la denuncia del clasismo de los políticos frente a los ciudadanos, con el objetivo de proponer como alternativa política a Izquierda Unida. Para ello, la autora  elige el género textual periodístico de opinión, podría ser indistintamente un artículo de opinión o una columna porque comparte los rasgos de la argumentación de un autor sobre un tema de relativa actualidad.
El tema se explicita en la tesis, que se sitúa al final del texto justo antes de la conclusión, que complementándola: “Lo mejor es que una Administración haya sabido reaccionar para sacarle los colores de la vergüenza a todas las demás. Y el fin de la cantinela del voto útil”. Y la conclusión: “y la alegría de encontrar en la unidad de la izquierda una puerta abierta hacia el futuro”.
Respecto a su contenido el texto se divide en tres partes: la primera parte es una ejemplificación (1-8); la segunda parte constituye el cuerpo argumentativo, hasta “lo peor no es el cinismo”; la tercera parte contiene la tesis y la conclusión, por lo que la estructura es inductiva. Es significativo que las dos primeras partes estén enmarcadas por la misma oración, ya que constituyen toda una argumentación antitética a la tesis y conclusión, como veremos.
La forma de elocución del texto es (expositivo-)argumentativa, puesto que comienza con la presentación de una serie de ejemplos y argumentos subjetivos que conducen al argumento principal al final del texto. Como es propio de un texto (expositivo-)argumentativo de corte subjetivo, el autor expresa sus emociones y sentimientos emitiendo a lo largo del texto todo tipo de juicios de valor personales.
A nivel morfológico (léxico y semántico) se imponen los rasgos del texto argumentativo subjetivo: - la utilización de verbos atributivos para emitir valoraciones en la contraposición “lo peor/lo mejor” (1, 12,); - la utilización de expresiones asertivas, verbos intelectivos y verbos de obligación como “implica, explicitan, se puede violar, se debe violar, debe hacerse, podía hacer, se puede” (2, 3, 4, 8); sobre todo en la primera y la segunda parte, las orientadas a la persuasión del receptor. Otro de los rasgos más destacados en este plano semántico es la calificación, con el uso de abundante léxico valorativo: - adjetivos como “peor, agredidos, desahuciables, injusta, insignificante, mejor” (1, 3, 5, 12); - sustantivos como “cinismo, inviolabilidad, escrache, proletarios, bebés, exclusión social, daño colateral, hachazo, colores, cantinela, alegría, unidad de la izquierda, puerta abierta” (1, 2, 5, 6, 7, 13, 14). Todos los elementos calificativos están destinados a expresar la opinión de la autora sobre el clasismo de los políticos. Por ello no sorprende que utilice argumentos de ejemplificación que incluyen términos como “proletario” para referirse a los ciudadanos ante la “injusta situación” que permite que unos sean echados de sus casas y no puedan ni siquiera protestar por ello. De ahí que insista en que la exclusión social, cuando se trata del ciudadano, sea un “daño colateral” para la clase política.

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